Las orcas de Península Valdés cazan lobos marinos, elefantes marinos, incluso ballenas. Pero también hacen algo que, a primera vista, parece no tener sentido: persiguen y hostigan a cormoranes de los que no se alimentan.

Lo que muestran estas fotos

Foto Alexis Fioramonti - Patagonia Producciones

En estas imágenes, tomadas por Alexis Fioramonti en el Golfo Nuevo, una orca golpea con su cola a un cormorán desprevenido. Esta vez el ave logró salir volando. Pero no siempre corren la misma suerte: a veces la orca la alcanza, e incluso la mata, y aun así no se la come.

No es un hecho aislado. En el Golfo Nuevo lo vemos de manera recurrente. Y eso deja una pregunta incómoda: ¿por qué la mayor depredadora del océano gastaría tanta energía en un ave que no le sirve de alimento?

Dos explicaciones que suelen ir juntas

Foto Alexis Fioramonti - Patagonia Producciones

No hay una respuesta cerrada, pero los especialistas manejan dos hipótesis que muchas veces se combinan.

La primera es el juego. Las orcas son animales sociales, curiosos y muy inteligentes, y manipular a otros animales sin un fin alimenticio encaja con lo que sabemos de su comportamiento.

La segunda es la práctica de caza. El golpe de cola es una de las herramientas que usan para aturdir a sus presas. Perseguir a un ave veloz y escurridiza, difícil de atrapar, puede ser una forma de afinar esa técnica y la coordinación que exige. Esto cobra especial sentido en los individuos jóvenes, que todavía están aprendiendo a cazar, muchas veces guiados por los adultos.

Las dos ideas no se excluyen. Un mismo episodio puede ser, al mismo tiempo, juego y aprendizaje.

El caso de Mercury Island

Este comportamiento no es exclusivo de nuestras costas. Uno de los registros más detallados viene de muy lejos: de Mercury Island, una pequeña isla frente a la costa de Namibia, en la otra orilla del Atlántico Sur.

Allí, en 1986, un equipo de investigadores documentó algo notable. A lo largo de cuatro días de abril, dos orcas mataron cerca de 290 cormoranes jóvenes. La rutina era casi siempre la misma: la orca se acercaba al ave por detrás mientras nadaba en la superficie, la tomaba con la boca, se sumergía con ella y la dejaba muerta o moribunda flotando. Casi ninguno de esos cormoranes fue comido.

No fue cosa de un solo día. Ese mismo año, en diciembre, las orcas seguían en la zona: cazaban lobos marinos por la mañana y a la tarde, y "jugaban" con aves marinas durante el resto de la jornada, tomando entre siete y veinticuatro cormoranes adultos por día.

El trabajo que reunió estas observaciones se publicó en 1990 con un título que dice casi todo: "Orcas y aves marinas: juego, depredación y asociación". Ante la evidencia, los propios investigadores no hablaron solo de caza. Hablaron de juego.

Mercury Island queda en Namibia, con orcas distintas y presas distintas a las de Valdés. No es el mismo caso ni la misma población. Pero muestra que este comportamiento, tan desconcertante, aparece en orcas de lugares muy alejados entre sí. Lo que vemos en el Golfo Nuevo tiene ecos en la otra orilla del océano.

No siempre termina igual

De vuelta en Península Valdés, no todos estos encuentros terminan con un ave muerta, ni se parecen entre sí. El veterinario y naturalista Pablo Meyer fotografió otros dos episodios en Punta Norte, y no podrían haber sido más distintos. En uno, Pao (OE-007) y Shekei (OE-0008) se acercaron a un cormorán sin agredirlo: pasaban muy cerca y lo rozaban con las aletas, sin que el ave pareciera inmutarse, hasta que el grupo se alejó antes de que Pablo pudiera ver cómo terminaba. En el otro, frente al mirador público, Emyr (OE-0032) y Solei (OE-0036), hostigaron a un cormorán con dureza durante un largo rato: lo revoleaban con la cola y lo hundían con movimientos bruscos del cuerpo, a lo largo de al menos 300 metros. Y sin embargo, lo más desconcertante fue el ave: nunca intentó escapar, e incluso hundía la cabeza para mirar a las orcas bajo el agua. Al final, las orcas lo dejaron ir y el cormorán salió caminando hacia la playa, por su propia cuenta.

Más que cazadoras

Foto Pablo Meyer

Ver a una orca invertir tanta energía en un ave que después descarta dice algo sobre ellas. Las orcas no son solo cazadoras eficientes. Son animales que juegan, que practican, que aprenden y que enseñan. Y que todavía tienen mucho por mostrarnos.

Cada vez que una de estas escenas ocurre frente a una cámara, ganamos una pieza más para entenderlas. Por eso mirar con atención, fotografiar y compartir lo que vemos importa tanto.

¿Conocías este comportamiento? Detrás de cada orca hay un individuo con su historia. Ayudanos a conocerlas: sumá tus avistamientos en orcaexplorer.com.

Ingresá a Orca Explorer