De todas las partes del cuerpo de una orca, la aleta dorsal es la más fácil de observar. Es la primera parte del cuerpo en aparecer cuando la orca sube a respirar y la última en hundirse. Muchas veces es lo único que queda de un encuentro: una silueta vista durante unos segundos. Por eso la identificación casi siempre empieza por ella.
Toda aleta tiene una base, donde se une al cuerpo, y un ápice, que es su punta. El borde que mira hacia adelante es el borde anterior; el que apunta hacia la cola, el borde posterior. Con esas cuatro referencias se describe casi cualquier aleta.
LA FORMA
La forma de la aleta dorsal varía con el ecotipo, el sexo y la edad, y también de un individuo a otro. Toda esa variedad se describe mirando tamaño, curvatura, proporcion y ápice.

El tamaño acompaña a la edad y al sexo: pequeña en crías y juveniles, mediana en hembras y machos jóvenes, grande en machos adultos.

La curvatura del borde posterior es lo que más cambia la silueta. Si ese borde no se arquea, la aleta es recta y suele verse triangular. Si se arquea apenas, es curvada. Si se arquea de forma marcada, es falcada, curvada como la hoja de una hoz. El borde anterior también cuenta: si es convexo, una aleta de borde posterior recto ya no se ve del todo triangular.
La curvatura también acompaña a la edad y al sexo. Las crías, los juveniles y las hembras suelen tener aletas falcadas. Los machos adultos tienden a la forma triangular y erguida, y algunos llegan a inclinar la punta hacia adelante.

La proporción de una aleta surge de comparar la altura con la base: una aleta puede ser fina, media o ancha.

El ápice puede ser agudo, redondeado o romo, que es la versión más extrema de lo redondeado.
Todo esto depende de una condición: mirar la aleta de perfil, con el lomo paralelo a la línea de visión. Si el animal está en ángulo, la base se acorta y una aleta ancha parece fina. Si se ladea, la aleta se inclina y parece más baja. La misma orca, vista fuera de perfil, puede pasar por otra.

